LAS FAJAS VUELVEN Y TOMAN EL CONTROL

Un siglo después de que diseñadores como Poiret o Fortuny redibujaran las constreñidas siluetas, la cíclica moda rediseña la faja y la sube a los altares por obra y gracia de las numerosas famosas que confiesan llevarla.

Una pieza que, ha recorrido un largo camino desde los cartones de pecho del siglo XVI o los corsés del XVIII, y cuya longitud se fue marcando «no solo para una forma de pecho, sino una forma de cintura y cadera». Un patrón que volvió a cambiar a principios del siglo XX con «líneas más rectas y ablusadas» por su rechazo a la constricción y su búsqueda de libertad de la mujer.

En las décadas sucesivas, su compra estaba limitada a determinados momentos de la vida como el ajuar matrimonial y no accesible a todas las clases sociales, se convertirá en algo extendido y cambiará su longitud y forma aliándose a la cintura de avispa del «New look» de Dior.

Pero entonces llegaron los 70 y las críticas alertando sobre problemas físicos que una compresión continuada con materiales no transpirables, como el nylon, podrían causar. Así, las fajas, ya de por sí relegadas a la intimidad, desaparecieron del armario, al menos del de la mayoría.

Su vuelta a la actualidad se debe a las famosas que las usan sin esconderse «para esos vestidos totalmente ajustados y que les hacían preguntarse, ¿cómo no les sale ningún michelín?». Y gran parte de la responsabilidad de que las famosas hayan dejado su ropa interior a la vista es de Sara Blakely, que a finales de los 90 creó la firma Spanx, un término que ya se utiliza como sinónimo de faja y que tiene a mujeres como Katy Perry, Gwyneth Paltrow u Oprah Winfrey entre sus clientas confesas.

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